26 de abril de 2017

RAFAEL ALBERTI




Alberti, Rafael (1902-1999)
Poeta y dramaturgo español, nacido en El Puerto de Santa María(Cádiz). Inicialmente se dedicó a la pintura. Se trasladó a Madrid con su familia, y en 1924 se le concedió el Premio Nacional de Literatura por el primer libro que publicó, Marinero en tierra. Se trata de una obra de un refinado populismo donde universaliza el mar, que llega a convertirse en un mito. En 1926, apareció La amante, relato poético de un viaje en automóvil, al que sigue, al año siguiente, un nuevo libro de poemas, El alba del alhelí. Las tres obras se inscriben dentro de la tradición de los poetas anónimos del romancero y Garcilaso de la Vega, aunque con una sensibilidad de poeta vanguardista. En 1929, tuvo lugar un cambio importante en su poesía, cuando publicó Cal y canto, influido por Luis de Góngora y el ultraísmo. También de ese mismo año es Sobre los ángeles. Considerada su obra maestra, es una alegoría surrealista en la que los ángeles representan fuerzas dentro del mundo real. Producto de una intensa crisis personal relacionada con lo que el propio poeta califica de "amor imposible" y los "celos más rabiosos", contiene imágenes que suponen altas cumbres poéticas. Sus tonos apocalípticos se prolongaron en Sermones y moradas (1930).Su surrealismo le lleva a introducir asuntos personales en el ámbito de las cuestiones históricas, lo que supuso en él una inclinación hacia el anarquismo, como demuestra su elegía Con los zapatos puestos tengo que morir, de 1930. Posteriormente se afilió al Partido Comunista español, y publicó,hasta 1937, un conjunto de libros que el autor denominó El poeta en la calle,aparecidos conjuntamente en 1938. También de la misma época son sus obras de teatro, entre las que destaca Fermín Galán (1931). Posteriormente, y dentro de la misma línea de carácter surrealista y político, escribió obras teatrales y entre las más conocidas se encuentran El adefesio, de 1944, y, de 1956, Noche de guerra en el Museo del Prado. Una nota que hay que destacar en este escritor andaluz es su afición taurina, que le ha llevado a realizar carteles taurinos, escribir muchos y destacados poemas sobre el tema, e incluso salir a los ruedos en la cuadrilla de Ignacio Sánchez Mejías.
Con su compañera, la también escritora María Teresa León, se vio obligado a exiliarse después de la derrota de la República en la Guerra Civil española. Vivió en Argentina hasta 1962.
A partir de ese año residió en Roma, y no regresó a España hasta 1977; fue elegido diputado por la provincia de Cádiz. El poeta recoge su vida durante los años de destierro en La arboleda perdida (1959 y 1987).
Entre la poesía no política de Alberti, posterior a 1939, destacan:
Entre el clavel y la espada, de 1941, y A la pintura, de 1948, un brillante intento de describir un arte en términos de otro. En Retornos de lo vivo lejano, de 1952, y Baladas y canciones del Paraná,libro de poemas publicado el año siguiente, incluye canciones muy cercanas a las de Marinero en tierra que ofrecen un universo nostálgico del que no está ausente la ironía. Algo que vuelve a ocurrir en el primer libro que publicó a su regreso a Europa, Roma, Peligro de caminantes, de 1968. Al lado de estos poemarios, están los poemas más estrictamente políticos inspirados por las circunstancias, como las muy conocidas Coplas de Juan Panadero, de 1949, y La primavera de los pueblos, de 1961. Entre la producción de Alberti posterior a su regreso a España, cabe destacar el libro de carácter erótico Canciones para Altaír, publicado en 1989. Ha recibido muchos premios y reconocimientos, entre ellos el Premio Lenin de la Paz, en 1966, y el
Premio Cervantes, en 1983. El 28 de octubre de 1999 falleció Rafael Alberti, el último exponente de la generación del 27 y figura clave de la poesía española de todos los tiempos. Un paro cardiorrespiratorio fue la causa de su muerte, cuando se encontraba en su casa del Puerto de Santa María, en Cádiz, en la misma ciudad que le vio nacer hace 96 años.


*El cuerpo deshabitado


Yo te arrojé de mi cuerpo,
yo, con un carbón ardiendo.

-Vete.

Madrugada.

La luz, muerta en las esquinas

y en las casas.

Los hombres y las mujeres

ya no estaban.

-Vete.

Quedó mi cuerpo vacío,

negro saco, a la ventana.

Se fue.

Se fue, doblando las calles.
Mi cuerpo anduvo, sin nadie.


*Guerra a la guerra por la guerra. Vente...


Guerra a la guerra por la guerra. Vente.

Vuelve la espalda. El mar. Abre la boca.

Contra una mina una sirena choca

Y un arcángel se hunde, indiferente.



Tiempo de fuego. Adiós. Urgentemente.

Cierra los ojos. Es el monte. Toca.

Saltan las cumbres salpicando roca

Y un arcángel se hunde, indiferente.



¿Dinamita a la luna también? Vamos.

Muerte a la muerte por la muerte: guerra.

En verdad, piensa el toro, el mundo es bello



Encendidos están, amor, los ramos.

Abre la boca. (El mar. El monte.) Cierra

Los ojos y desátate el cabello.


*Hace falta estar ciego...



Hace falta estar ciego,

tener como metidas en los ojos raspaduras de vidrio,

cal viva,

arena hirviendo,

para no ver la luz que salta en nuestros actos,

que ilumina por dentro nuestra lengua,

nuestra diaria palabra.



Hace falta querer morir sin estela de gloria y alegría,

sin participación de los himnos futuros,

sin recuerdo en los hombres que juzguen el pasado sombrío de la tierra.



Hace falta querer ya en vida ser pasado,

obstáculo sangriento,

cosa muerta,

seco olvido.


*Lloraba recio, golpeando, oscuro...

Lloraba recio, golpeando, oscuro,

las humanas paredes sin salida.

Para marcarlo de una sacudida,

Lo esperaba la luz fuera del muro.



Grito en la entraña que lo hincó, futuro,

Desventuradamente y resistida

Por la misma cerrada, abierta herida

Que ha de exponerlo al primer golpe duro.


¡Qué desconsolación y qué ventura!

Monstruo batido en sangre, descuajado

De la cueva carnal del sufrimiento.


Mama la luz y agótala, criatura,

Tabícala en tu ser iluminado,

Que mamas con la leche el pensamiento.


*Lo que dejé por ti

Dejé por ti mis bosques, mi perdida

arboleda, mis perros desvelados,

mis capitales años desterrados

hasta casi el invierno de la vida.


Dejé un temblor, dejé una sacudida,

un resplandor de fuegos no apagados,

dejé mi sombra en los desesperados

ojos sangrantes de la despedida.



Dejé palomas tristes junto a un río,

caballos sobre el sol de las arenas,

dejé de oler la mar, dejé de verte.



Dejé por ti todo lo que era mío.

Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,

tanto como dejé para tenerte.


*Los ángeles feos


Vosotros habéis sido,

vosotros que dormís en el vaho sin suerte de los pantanos

para que el alba más desgraciada os reanime en una gloria de estiércol,

vosotros habéis sido la causa de ese viaje.

Ni un solo pájaro es capaz de beber en una alma

cuando sin haberlo querido un cielo se entrecruza con otro

y una piedra cualquiera levanta a un astro una calumnia.

Ved.

La luna cae mordida por el ácido nítrico

en las charcas donde el amoníaco aprieta la codicia de los alacranes.

Si os atrevéis a dar un paso,

sabrán los siglos venideros que la bondad de las aguas es aparente

cuantas más hoyas y lodos ocultan los paisajes.

La lluvia me persigue atirantando cordeles.

Será lo más seguro que un hombre se convierta en estopa.

Mirad esto:

ha sido un falso testimonio decir que una soga al cuello no es agradable

y que el excremento de la golondrina exalta al mes de mayo.

Pero yo os digo:

una rosa es más rosa habitada por las orugas

que sobre la nieve marchita de esta luna de quince años.

Mirad esto también, antes que demos sepultura al viaje:

cuando una sombra se entrecoge las uñas en las bisagras de las puertas

o el pie helado de un ángel sufre el insomnio fijo de una piedra,

mi alma sin saberlo se perfecciona.

Al fin ya vamos a hundimos.

Es hora de que me diérais la mano

y me arañarais la poca luz que coge un agujero al cerrarse

y me matarais esta mala palabra que voy a pinchar sobre las tierras que se derriten.


*Los ángeles mohosos


Hubo luz que trajo

por hueso una almendra amarga.

Voz que por sonido,

el fleco de la lluvia,

cortado por un hacha.



Alma que por cuerpo,

la funda de aire

de una doble espada.



Venas que por sangre,

Y el de mirra y de retama

Cuerpo que por alma,

el vacío, nada.

*Los ángeles mudos


Inmóviles, clavadas, mudas mujeres de los zaguanes

y hombres sin voz, lentos, de las bodegas,

quieren, quisieran, querrían preguntarme.

-¿Cómo tú por aquí y en otra parte?

Querrían hombres y mujeres, mudos, tocarme,

saber si mi sombra, si mi cuerpo andan sin alma

por otras calles.

Quisieran decirme:

-Si eres tú, párate.

Hombres, mujeres, mudos, querrían ver claro,

asomarse a mi alma,

acercarle una cerilla

por ver si es la misma.

Quieren, quisieran...

-Habla.

Y van a morirse, mudos,

sin saber nada.

2 comentarios:

Perfecto dijo...

Que decir de Rafael Alberti que no se haya dicho ya. Uno de los grandes sin duda. Hoy, en mi tierra, motivo de polémica. En la ciudad de Huercal-Overa, el Ayuntamiento, gobernado por la derecha política, ha quitado su nombre al teatro de la ciudad, basandose en razones injustificables. Pero se han alzado muchas voces en su defensa, defensa que no merece la pena, porque su importancia literaria está ya por encima de cualquier diatriba política, y envilece a los que atentan contra su obra, alzándole a él si cabe más aún. Mi enhorabuena por esta entrada.

Abrazos.

Elsa Tenca-Mariani dijo...

SÍ PERFECTO, ME ASOMBRA tu relato en un país de una cultura antigua y plural.
Pero no es el primer caso,que por la ideología suprimen su obra o su nombre-obra.
Un beso:Elsa