9 de junio de 2014

ENRIQUE LIHN



*Nació en Santiago de Chile en 1929. Estudió en el Saint George, en el Colegio Alemán y en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Colaboró en la Revista de Arte, Anales de la Universidad de Chile, Pro Arte, Cormorán,Cauce, Apsi, Plan, además de escribir en los diarios El Siglo, Las Ultimas Noticias y La Época, entre otros. Fundó la revista literaria Cormorán, que tuvo nueve números, y Manuscritos, que tuvo uno. Fue locutor en radios capitalinas y dibujante en El Diario Ilustrado. Trabajó en la Corporación de Fomento CORFO) y fue Profesor del Departamento Humanístico de la Universidad de Chile. En 1965 viajó a Europa mediante una beca de museología de la UNESCO. Residió un tiempo en París. Luego en Cuba. Obtuvo algunos premios entre los que sobresalen el Premio Municipal de Poesía 1970 por su obra La musiquilla de las pobres esferas. Además el Premio Casa de las Américas de Cuba (1966) y el de Extremo Sur.
Falleció en 1988.

EL ESCRITOR:
Enrique Lihn fue un prolífico escritor. Editó más de 36 libros en su trayectoria literaria. La poesía, el ensayo y la crítica interpretativa fueron los campos donde irradió la luz de su evidente inteligencia y cultura. No es autor popular y más bien habría que decir que es desconocido mayoritariamente por el común de las personas que invaden los territorios de las letras. Esta circunstancia se debe, entre otras cosas, por su decidida postura política, a la izquierda de las tendencias; a una actitud confrontacional con su época y porque su trabajo artístico no se presta fácilmente para la comprensión del común, salvo, claro está, para el círculo de amigos escritores que sí valorizan su gestión y alaban su aguda inteligencia y vasta cultura. No es escritor de masas, al modo de los poetas populares de Chile. Por ello, quizás, no se traiga con relativa rapidez a la memoria.
Sus interpretaciones críticas son trabajos exhaustivos, con gran profundidad, donde muestra con claridad su conocimiento, buscando la trascendencia de los contenidos, aunque se perjudican cuando entromete el matiz político en el afán literario. El estilo, importante a la hora de provocar interés, es justo, preciso, con algún tono academicista, sin buscar la adhesión del lector. Sobresalen, sin duda, sus interpretaciones de la obra de Nicanor Parra, Oscar Hahn, Vicente Huidobro, Juan Luis Martinez, Manuel Silva. Especialmente acertado y profundo resultó su análisis de la tarea parriana. En general, su visión sobre la poética chilena, en cuando a los vanguardistas, es fructífera, cabal. y erudita.
Su poesía - no accesible a la mayoría - con algunas excepciones, nos habla de un espíritu lúcido, profundo y original.
También se adentró en los parajes de la dramaturgia y la novela, además de lo expresado anteriormente: cuento, poesía y crítica.
En síntesis, no abundan los trabajos en torno a la tarea literaria de Enrique Lihn. Y ello como consecuencia de su original forma de laborar en la arena literaria unido a una personalidad de por sí difícil de coger. Súmese además, su carácter confrontacional, cuyos afilados estiletes provocaron más de alguna herida, y su decidida postura ideológica. Por ello quizás no estuvo entre los candidatos al Premio Nacional de Literatura, máximo galardón literario de Chile y por eso, asimismo, su obra, no ha sido recogida y analizada con la atención que, en definitiva, merece.
Póstumamente, en 1997, se publicó una antología realizada por Germán Marìn, El Circo en Llamas, donde se realzan las virtudes literarias de Enrique Lihn y contribuye, de algún modo, a extender el conocimiento sobre su quehacer artístico.

- FUENTE : ESCRITORES.CL
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*Cámara de tortura

Su ayuda es mi sueldo

Su sueldo es la cuadratura de mí círculo,

que saco con los dedos para mantener su agilidad

Su calculadora es mi mano a la que le falta un dedo con el que me prevengo de los errores de cálculo

Su limosna es el capital con que me pongo cuando se la pido

Su aparición en el Paseo Ahumada es mi estreno en sociedad

Su sociedad es secreta en lo que toca a mi tribu

Su seguridad personal es mi falta de decisión

Su pañuelo en el bolsillo es mi bandera blanca

Su corbata es mi nudo gordiano

Su terno de Falabella es mi telón de fondo

Su zapato derecho es mi zapato izquierdo doce años después

La línea de su pantalón es el límite que yo no podría franquear aunque me disfrazara de usted después de empelotarlo a la fuerza

Su ascensión por la escalinata del Banco de Chile es mi sueño de Jacob por el que baja un ángel rubio y de alas pintadas a pagar, cuerpo a cuerpo, todas mis deudas

Su chequera es mi saco de papeles cuando me pego una volada

Su firma es mi entretención de analfabeto

Su dos más dos son cuatro es mi dos menos dos

Su ir y venir es mi laberinto en que yo rumiante me pierdo perseguido por una mosca

Su oficina es el entretelón en que se puede condenar a muerte mi nombre y su traspaso a otro cadáver que lo lleve en un país amigo

Su consultorio es mi cámara de tortura

Su cámara de tortura es el único hotel en que puedo ser recibido a cualquier hora sin previo aviso de su parte

Su orden es mi canto

Su lapicera eléctrica es lo que hace de mí un autor copioso un maldito iluminado o el cojonudo que muere pollo, según quien sea yo en ese momento

Su mala leche es mi sangre

Su patada en el culo es mi ascensión a los cielos que son lo que son y no lo que Dios quiere

Su tranquilidad es mi muerte por la espalda

Su libertad es mi perpetua

Su paz es la mía siempre y cuando yo goce de ella eternamente y usted de por vida

Su vida real es el fin de mi imaginación cuando me pego una volada

Su mujer es en tal caso mi gatita despanzurrada

Su mondadientes es ahora mi tenedor

Su tenedor es mi cuchara

Su cuchillo es mi tentación de degollarlo cuando me mamo un cogollo

Su policial es el guardián de mi impropiedad

Su ovejero es mi degollador a la puerta de su casa como si yo no fuera una maldita oveja extraviada

Su metralleta es mi novia con la que tiro en sueños

Su casco es el molde en el que vaciaron la cabeza de mi hijo cuando nazca

Su retreta es mi marcha nupcial

Su basural es mi panteón mientras no se lleven los cadáveres.

-*De:"El Paseo Ahumada".1983



*ELEGÍA A CARLOS DE ROKHA

No hubo dolor en el momento justo

de oír sobre tu muerte. Fue como si tú mismo la hubieras anunciado en uno de esos absurdos llamados telefónicos que solías hacer a tus amigos:

una broma sangrienta.

Y la inocencia que, a esas horas, se volvía irritante, la cigarra de una voz chirriando

en la paja seca del día. No hubo dolor

pero sí, Carlos, la inmediata certeza

de que contigo se eclipsaba la noche

sobre el desierto de un día estable y es como si cayera

un poco de ceniza del cielo sobre tierras ericáceas.



Me he llamado a lo real. Pero qué peso insoportable

tendría ahora un guijarro sobre la palma de la mano. Todas, todas estas pobres historias

diurnas no son sino desgarradoras. Aquí, también, esta visión confusa y demasiado nítida de caras conocidas.

Si la vida no es más que una locura

lo que importan son los sueños y aún el delirio, la mentira piadosa

de las palabras en libertad arrojadas

al millar de los vientos nocturnos,

como en tu poesía: la oscuridad vidente:

palabras como brasas, balbuceos del fuego.

*La pieza oscura 

La mixtura del aire en la pieza oscura, como si el cielorraso hubiera amenazado
una vaga llovizna sangrienta.
De ese licor inhalamos, la nariz sucia, símbolo de inocencia y de precocidad
juntos para reanudar nuestra lucha en secreto, por no sabíamos no ignorábamos qué causa;
juegos de manos y de pies, dos veces villanos, pero igualmente dulces
que una primera pérdida de sangre vengada a dientes y uñas o, para una muchacha
dulces como una primera efusión de su sangre.
Y así empezó a girar la vieja rueda —símbolo de la vida— la rueda que se atasca como si no volara,
entre una y otra generación, en un abrir de ojos brillantes y un cerrar de ojos opacos
con un imperceptible sonido musgoso.
Centrándose en su eje, a imitación de los niños que rodábamos de dos en dos, con las orejas rojas
—símbolos del pudor que saborea su ofensa— rabiosamente tiernos, la rueda dio unas vueltas en falso como en una edad anterior a la invención de la rueda
en el sentido de las manecillas del reloj y en su contrasentido.
Por un momento reinó la confusión en el tiempo. Y yo mordí largamente en el cuello a mi prima Isabel,
en un abrir y cerrar del ojo del que todo lo ve, como en una edad anterior al pecado
pues simulábamos luchar en la creencia de que esto hacíamos; creencia rayana en la fe como el juego en la verdad
y los hechos se aventuraban apenas a desmentirnos
con las orejas rojas.
Dejamos de girar por el suelo, mi primo Ángel vencedor de Paulina, mi hermana; yo de Isabel, envueltas ambas
ninfas en un capullo de frazadas que las hacía estornudar —olor a naftalina en la pelusa del fruto—.
Esas eran nuestras armas victoriosas y las suyas vencidas confundiéndose unas con otras a modo de nidos como celdas, de celdas como abrazos, de abrazos como grillos en los pies y en las manos.
Dejamos de girar con una rara sensación de vergüenza, sin conseguir formularnos otro reproche
que el de haber postulado a un éxito tan fácil.
La rueda daba ya unas vueltas perfectas, como en la época de su aparición en el mito, como en su edad de madera recién carpintereada
con un ruido de canto de gorriones medievales;
el tiempo volaba en la buena dirección. Se lo podía oír avanzar hacia nosotros
mucho más rápido que el reloj del comedor cuyo tic-tac se enardecía por romper tanto silencio.
El tiempo volaba como para arrollarnos con un ruido de aguas espumosas más rápidas en la proximidad de la rueda del molino, con alas de gorriones —símbolos del salvaje orden libre— con todo él por único objeto desbordante
y la vida —símbolo de la rueda— se adelantaba a pasar tempestuosamente haciendo girar la rueda a velocidad acelerada, como en una molienda de tiempo, tempestuosa.
Yo solté a mi cautiva y caí de rodillas, como si hubiera envejecido de golpe, presa de dulce, de empalagoso pánico
como si hubiera conocido, más allá del amor en la flor de su edad, la crueldad del corazón en el fruto del amor, la corrupción del fruto y luego... el carozo sangriento, afiebrado y seco.
¿Qué será de los niños que fuimos? Alguien se precipitó a encender la luz, más rápido que el pensamiento de las personas mayores.
Se nos buscaba ya en el interior de la casa, en las inmediaciones del molino: la pieza oscura como el claro de un bosque.
Pero siempre hubo tiempo para ganárselo a los sempiternos cazadores de niños. Cuando ellos entraron al comedor, allí estábamos los ángeles sentados a la mesa
ojeando nuestras revistas ilustradas —los hombres a un extremo, las mujeres al otro—
en un orden perfecto, anterior a la sangre.
En el contrasentido de las manecillas del reloj se desatascó la rueda antes de girar y ni siquiera nosotros pudimos encontrarnos a la vuelta del vértigo, cuando entramos en el tiempo
como en aguas mansas, serenamente veloces;
en ellas nos dispersamos para siempre, al igual que los restos de un mismo naufragio.
Pero una parte de mí no ha girado a compás de la rueda, a favor de la corriente.
Nada es bastante real para un fantasma. Soy en parte ese niño que cae de rodillas
dulcemente abrumado de imposibles presagios
y no he cumplido aún toda mi edad
ni llegaré a cumplirla como él
de una sola vez y para siempre.

--*Del libro "Porque escribí" de Enrique Lihn-Antología por Eduardo Llanos-F.C.E. 1995-Santiago de Chile-

1 comentario:

Elsa dijo...

A LOS LECTORES:
EDITO NUEVAMENTE esta publicación de Enrique,la más leída del historial del blog.
Gracias