27 de julio de 2011

RENÉ CHAR


René Char-Poeta francés nacido en Isle-sur-Sorgue, en 1907.
Pertenece a lo que podría llamarse segunda generación surrealista iniciada en 1929, coincidiendo con la primera crisis señalada por el segundo manifiesto de Breton aparecido ese año. En 1934, debido a su afán de perfección formal, se alejó paulatinamente del movimiento surrealista.
Durante la ocupación de Francia por los alemanes, se destacó como capitán de maquís en la resistencia, y allí aprendió, según él mismo dice, "a amar ferozmente a sus semejantes". De esta experiencia en la lucha clandestina surgió su gran obra poética "Páginas de Hypnos".
Es uno de los poetas cuya fama ha crecido rápidamente en los últimos años. Elogiado ampliamente por la crítica, es considerado como uno de los máximos poetas de Francia.
Falleció ( Francia) en 1988. ©
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*Artina
                                                                   Al Silencio de aquella que permite soñar




En la cama que me prepararon había: un animal sanguinolento y maltrecho

del tamaño de un bollo, un caño de plomo, una ráfaga de viento, un molusco

helado, un cartucho sin pólvora dos dedos de un guante, una mancha de aceite;

no había una puerta de prisión, pero sí el sabor de la amargura, un diamante

de vidriero, un pelo, un día, una silla rota, un gusano de seda, el objeto robado,

una presilla de sobretodo, una mosca verde domesticada, una rama de coral,

un clavo de zapatero, una rueda de ómnibus.



Ofrecer un vaso de agua al paso de un caballero que se lanza a rienda suelta en un

hipódromo invadido por la multitud supone, de una y otra parte, una falta absoluta

de habilidad; Artina traía a los espíritus que visitaba esa aridez monumental.



El impaciente se daba perfecta cuenta de la clase de sueños que en adelante

frecuentarían su cerebro, sobre todo en el dominio del amor cuya actividad

voraz se manifestaba de ordinario fuera de la época sexual. La asimilación

alcanzaba su desarrollo en la noche profunda de los invernaderos herméticamente

cerrados.



Artina cruzó sin dificultad el nombre de una ciudad. Es el silencio que hace surgir

el sueño.



Los objetos designados y reunidos con el nombre de naturaleza-concreta forman

parte del escenario en el cual se desarrollan los actos de erotismo de las series fatales,

epopeya cotidiana y nocturna. Los ardientes mundos imaginarios que circulan sin interrupción por la campiña

en la época de las cosechas tornan el ojo agresivo y la soledad intolerable para aquel que dispone del poder de destrucción.

En los cataclismos extraordinarios, resulta directamente preferible apelar sin reservas a ellos.



El estado de letargo que precedía a Artina suministraba los elementos indispensables

para la proyección de impresiones sorprendentes sobre la pantalla de ruinas flotantes: edredones llameantes

precipitados en el insondable abismo de tinieblas en perpetuo movimiento.



Artina conservaba a despecho de los animales y de los ciclones una inagotable frescura.

Al andar adquiría una transparencia absoluta.



Por más que surja en medio de la más activa depresión el aparejo de la belleza de Artina,

los espíritus curiosos no dejan de ser espíritus furiosos, los espíritus indiferentes, espíritus

extremadamente curiosos.



Las apariciones de Artina superaban el marco de esas comarcas de sueño donde el pro y el

pro están animados de igual y asesina violencia. Ellas evolucionaban en los pliegues de una

seda quemante poblada de árboles con hojas de ceniza.



El carruaje de caballos lavado y renovado superaba casi siempre al departamento tapizado

con salitre cuando se trataba de acoger en una velada interminable a la multitud de los

enemigos mortales de Artina. El semblante de leña muerta era particularmente odioso. La carrera jadeante

de dos enamorados al azar de los grandes caminos se volvía de golpe una distracción suficiente para permitir

que el drama se desarrollara, de nuevo, a cielo abierto.



A veces una maniobra imprudente hacía caer sobre la garganta de Artina una cabeza que no era la mía. El enorme

bloque de azufre se consumía entonces lentamente, sin humo, presencia de por sí e inmovilidad vibrante.



El libro abierto sobre las rodillas de Artina sólo era legible en los días lóbregos. A intervalos regulares los héroes acudían

a informarse de las desgracias que de nuevo se abatirían sobre ellos, de las sendas múltiples y terroríficas por las cuales

sus irreprochables destinos se empeñarían nuevamente. Sólo preocupados por la Facultad casi todos tenían un aspecto

agradable. Se desplazaban lentamente, se mostraban poco locuaces. Expresaban sus deseos mediante amplios e imprevistos movimientos de cabeza. Parecía además que se ignoraban totalmente unos y otros.


El poeta ha asesinado a su modelo.

-De:Artine-
-Versión de Aldo Pellegrini



*Bebedora



Por qué seguir entregando las palabras del propio porvenir

ahora que toda palabra hacia lo alto es boca ladradora de

cohete, ahora que el corazón de cuanto respira es caída

hedionda?

Para que puedas exclamar en un soplo: "¿De dónde

vienes, bebedora, hermana con las uñas quemadas? ¿ Ya quién

satisfaces? Nunca hallaste albergue entre tus espigas. Mi guadaña

lo jura. No te denunciaré, yo te precedo."

-Versión de Jorge Riechmann

*Bienvenida



¡Ojalá vuelvas a tu desorden, y el mundo al suyo. La asimetría

es juventud. No se mantiene el orden más que el tiempo que se tarda en odiar su carácter de mal. Entonces se avivará

en ti el deseo del porvenir, y cada peldaño de tu escalera desocupada y todos los rasgos inhibidos de tu vuelo te llevarán,

te elevarán con un mismo sentimiento gozoso. Hijo de la oda ferviente, abjurarás del gigantesco enmohecimiento.

Los solsticios cuajan el dolor difuso en una dura joya adamantina. El infierno a su medida que se habían esculpido

los limadores de metales volverá a bajar vencido a su abismo. Delante del olvido nuevo, la única nube en el cielo

será el sol.

Mintamos esperanzados a quienes nos mienten: que la inmortalidad inscrita sea a la vez la piedra y la lección.

-Versión de Jorge Riechmann

*Consuelo


Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa

a dónde vaya en este roto tiempo. Ya no es mi amor: el

que quiera puede hablarle. Ya no se acuerda: ¿quién en

verdad le amó?



Mi amor busca su semejanza en la promesa de las

miradas. El espacio que recorre es mi fidelidad. Dibuja

la esperanza y en seguida la desprecia. Prevalece sin

tomar parte en ello.



Vivo en el fondo de él como un resto de felicidad.

Sin saberlo él, mi soledad es su tesoro. Es el gran meridiano

donde se inscribe su vuelo, mi libertad lo vacía.



Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa

a dónde vaya en este roto tiempo. Ya no es mi

amor: el que quiera puede hablarle. Ya no se acuerda:

¿quién en verdad le amó y le ilumina de lejos para que

no caiga?

*Cuatro edades


I

El otoño para la hoja

El agua hirviendo para el cangrejo

Y el favorito el zorro

Ebrio sobre los hombros luminosos de la Actriz



Adherido al balcón naranja

Un ventisquero de rizos

Acampa en la ansiedad de mi corazón.



II

He estrangulado a mi hermano

Porque no gustaba de dormir

Con la ventana abierta

Hermana mía

Dijo antes de morir

Pasé noches enteras

Mirándote dormir

Inclinado sobre tu brillo en el cristal.



III

Apretados los puños

Rotos los dientes

Con lágrimas en los ojos

La vida

Apostrofándome empujándome y riendo a medias

Yo espiga anticipada de las siegas de agosto

Distingo en la corola del Sol

Una yegua

Me abrevo en su orina.



IV

Mi amor es triste

Porque es fiel

No interpela el olvido de los demás

No cae de la boca como un diario del bolsillo

No es flexible en la angustia que en común se arremolina

No se aísla en las rompientes de la península simulando

pesimismo

Mi amor es triste

Pues está en la naturaleza turbada del amor ser triste

Como la luz es triste

La dicha triste

No has pasado libertad tus correas de arena.

-Versión de Jorge Onfray


*Curso de las arcillas



Mira, portero agudo, de la mañana a la mañana,

Largas, adujando su chorro, a las zarzas frenéticas,

Cómo la tierra nos acucia con su mirada ausente,

Cómo el dolor se embota, grillo de canto parejo,

Y cómo un dios no brota sino para aumentar la sed

De aquellos cuya palabra se dirige a las aguas vivas.



Por tanto alégrate, querida, del destino siguiente:

No clausura esta muerte la memoria amorosa.

-Versión de Jorge Riechmann


*Desherencia



Antigua era la noche

Cuando la entreabrió el fuego.

Igualmente mi casa.



No se mata a la rosa

En las guerras del cielo.

Destierran a una lira.



Mi pena persistente

De una nube de nieve

Gana un lago de sangre.

La crueldad ama vivir.



Oh fuente que mentiste

A nuestros destinos gemelos,

Del lobo trazaré

Este único retrato pensativo.

-Versión de Jorge Riechmann


*El beso


Maciza lentitud, lentitud martillada;

Humana lentitud, lentitud forcejeada;

Desierta lentitud, desanda tus ardores;

Sublime lentitud, sube desde el amor;

Que la lechuza ha vuelto.

-Versión de Jorge Riechmann

*El desnudo perdido


Llevarán ramos aquellos cuyo aguante pueda desgastar la

noche nudosa que precede y sigue al relámpago. Su palabra

recibe existencia del fruto intermitente que la propaga

dilacerándose. Son los hijos incestuosos de la cortadura y del signo,

que alzaron hasta los brocales el círculo florido de la tinaja

de la adhesión. La furia de los vientos los mantiene aún desvestidos.

Contra ellos vuela una pelusa de noche negra.

-Versión de Jorge Riechmann

*El juicio de octubre

Mejilla contra mejilla dos pordioseras en su desamparo rígido;

La helada y el viento no las han instruido, las han ignorado;

Niñas de intrahistoria

Caídas de las estaciones que dejan atrás, y allí apretadas de pie.

No hay labios que las traspongan, la hora pasa.

No habrá ni rapto ni rencor.

Y el caminante pasa sin mirada ante ellas, ante nosotros.

Dos rosas perforadas por un anillo profundo

Ponen en su extrañeza algo de desafío.

¿Se pierde la vida de otro modo que por las espinas?

Claro que sí: por la flor, los largos días lo supieron.

Y el sol ha dejado de ser inicial.

Una noche, el día bajo, todo el riesgo, dos rosas,

Como la llama a cubierto, mejilla contra mejilla con quien

la mato.

-Versión de Jorge Riechmann

*Los soles canoros



La desapariciones inexplicables


Los accidentes imprevisibles


Los infortunios quizá excesivos


Las catástrofes de todo orden


Los cataclismos que ahogan y carbonizan


El suicidio considerado crimen


Los degenerados intratables


Los que se enrollan en la cabeza un delantal de herrero


Los ingenuos de primera magnitud


Los que colocan el féretro de su madre en el fondo de un pozo


Los cerebros incultos


Los sesos de cuero


Los que ivernan en el hospital y conservan la embriaguez


de las ropas desgarradas


La malva de las prisiones


La ortiga de las prisiones


La higuera nodriza de ruinas


Los silenciosos incurables


Los que canalizan la espuma del mundo subterráneo


Los enamorados en éxtasis


Los poetas excavadores


Los que asesinan a los huérfanos tocando el clarín


Los magos de la espiga


Imperan temperatura benigna alrededor de los


sudorosos embalsamados del trabajo.


-De: "L’Action de la justice est éteinte"


-Versión de Aldo Pellegrini-poeta argentino- 

-fuente: amediavoz-

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